Tarsier Studios ha desarrollado una pequeña maravilla plataformera. PS4 (versión analizada), Xbox One y PC dan la bienvenida finalmente a Little Nightmares, un juego que nos trae Bandai Namco y que nos ofrece una experiencia oscura, introspectiva y capaz de encandilar al jugador desde el primer momento. Hacednos compañía en esta tenebrosa y magnífica experiencia.


Little Nightmares nos ha tenido pendientes de cada novedad durante los últimos meses. Un juego que se ha dejado ver y jugar en eventos de Bandai Namco y al que por fin hemos podido poner las manos encima en versión completa. Y el resultado, sin duda, cumple las expectativas. A día de hoy, decir eso es un auténtico lujo. Pero una vez que ponemos el juego bajo el bisturí de la disección, podemos hablar más a fondo no sólo de cómo se juega, o de lo bien o mal que se ve. Ahora tenemos una idea global de qué representa. Y en Tarsier Studios han sabido crear una experiencia tan aterradora como evocadora.

El título se vale de la atmósfera como uno de sus dos pilares principales. El otro es la propia protagonista, Six. Pero centrados en el entorno, podemos decir sin lugar a dudas que estamos ante uno de los trabajos más finos y cuidados (en su género) de los últimos años. No exageramos: Little Nightmares se deja jugar de arriba abajo casi sin pestañear, y nos hace sentir en todo momento indefensos. Six es una niña muy pequeña, pero no sólo de edad (que también); es la representación de la impotencia. Todo es más grande que nosotros, todo asusta; todo nos supera. No controlamos nada, sólo podemos correr, pensar, escondernos. Pero ni tan siquiera la carrera más necesaria es tan rápida como quisiéramos. ¿No habéis oído nunca que en las pesadillas cuesta correr?

Six es encantadora, sus piernas son escuálidas, y se mancha poco a poco con el entorno. Pero está la otra cara de la moneda: si nos paramos a valorarlo bien, ella también nos inquieta. Apenas vemos su rostro, que oculto bajo la capucha amarilla (color que la separa un abismo respecto a la oscuridad del exterior), parece inexpresivo y poco humano. Preparaos para la desorientación máxima; cada uno de sus escenarios está magníficamente reflejado pero a la vez no existe ninguna cohesión entre lo que podemos ver; tampoco en la sucesión de entornos. Todo es de pesadilla, pertenece al mundo de lo onírico.

Sin embargo, es de recibo especificar: Little Nightmares no es un juego de terror de por sí. De hecho, es un título que va más allá del miedo gracias a su proposición para afrontarlo. Las armas de Six son ser ingeniosa y hábil, resultar silenciosa pero también rápida. Casi metidos en el género de la infiltración, en numerosas ocasiones jugaremos con el sonido para alertar a los nauseabundos enemigos, que acuden a cualquier estímulo. Y es que nuestros adversarios en este mundo de oscura fantasía que bien podría haber soñado Tim Burton tienen un aspecto llamativamente aterrador. Son medianamente inteligentes, sus brazos tienden a ser más largos que el cuerpo y las (des)proporciones, deformaciones y sonidos que profieren nos provocan un malestar constante que se suma al peligro que suponen sus búsquedas, en ocasiones a ciegas.

Pero todo esto ocurre sin que renunciemos a la precisión de las plataformas: hay saltos, hay pasillos arriba y abajo; hay elementos que se cuelan en nuestro camino. Este mundo es peligroso y sus obstáculos parecen provocados por una persona con síndrome de Diógenes. Libros polvorientos apilados, juguetes, pequeños conos de papel que, al acercarnos, salen corriendo con piernecitas por estar dando cobijo a algún ser minúsculo... todo es tenebroso a su manera, desde la colcha de una cama que parece abandonada desde hace años hasta la tubería mohosa y llena de goteras que atravesamos en otro momento, pasando por supuesto por detalles como los zapatos apilados (si habéis tenido ocasión de visitar cierto célebre campo de concentración en Polonia sabréis de qué hablamos) bajo los que acecha una amenaza...

Toda la jugabilidad se basa en pequeños puzzles que se alternan con la necesidad de ser raudos y silenciosos. En general, vamos a usar llaves o a lanzar objetos contra botones. Nuestra lucha contra la oscuridad es más llevadera si recurrimos a pequeñas cerillas que iluminan los entornos, y Six se convierte en un personaje de control ideal gracias al curioso estilo del que se ha echado mano: aquí no hay tutoriales, sólo acciones básicas como saltar, agarrar y escalar... y estas últimas se hacen con un sólo botón. Además, tampoco hay idiomas. Es un juego de sensaciones, en el que cada jugador va a recibir un mensaje y a interpretar la experiencia a su manera.

Pero ahora hablemos sobre la duración: Little Nightmares es corto. Al menos, superar la historia no llega a las cinco horas si vamos sobre seguro (difícilmente sea así, por lo que cabe esperar que se empleen unas seis, más o menos), pero conseguir los objetos ocultos es una tarea tan ardua como divertida y que plantea un reto auxiliar que eleva claramente la cantidad de tiempo que empleamos en acabarnos el 100% de los objetivos.

Pero no sólo está ese dato, hay uno muy importante: dado que la jugabilidad es más o menos similar desde el principio hasta el final, el juego habría llegado a ser tedioso o repetitivo si se hubiese extendido más. La sensación al acabarnos el juego es la de que hemos vivido una especie de película independiente, o tal vez una pesadilla larga de una noche febril. Pero no nos hemos cansado, sino que nos hemos quedado con ganas de más.

Técnicamente, Little Nightmares es fascinante. Puede que estemos en una generación en la que cantidad de juegos nos dejan con la boca abierta, pero este título ha sido capaz de plasmar el ambiente sórdido con tal precisión que su detallismo resulta una auténtica inspiración para cualquier otra obra del género. Los escenarios, pensados para que nos desplacemos en sentido lateral (pero con profundidad) están recreados de maravilla, y cumplen con la idea de resultar temibles. El diseño de los personajes es propio de película grabada con la técnica de stop motion, y todo goza de una imaginación digna de llamar la atención del jugador. A ello ayuda el juego de luces y sombras, la plasticidad de cada elemento, los mórbidos detalles y las texturas realistas, capaces transmitir al jugador la sensación de elementos sucios, podridos. Todo, a su vez, funciona de manera fluida, si bien en PS4 Pro los fps llegan a los 60, mientras en el modelo original se mantienen estables en 30.

El audio es otro de los elementos clave: si bien no vamos a hablar de la BSO de por sí (que es buena pero tal vez no sea lo que más importa en este caso), el uso de ruido y sonidos tenebrosos es tan eficaz junto con las melodías que merece ser jugado a buen volumen (mejor con auriculares y a oscuras). Las respiraciones trabajosas de los enemigos y los ruidos ambientales completan un apartado más que notable y que eleva la experiencia de Little Nightmares hasta convertirlo en una experiencia magnífica.

Poco más hay que decir de este juego, salvo que además de ser interesante y atractivo, llega a precio reducido. Así que la conclusión es sencilla: si os gustan las plataformas, el terror y las experiencias diferentes y profundas, Little Nightmares es una oportunidad excelente para daros el gusto. Vais a preocuparos por Six y a sufrir por ella, a pasar sobresaltos y a disfrutar de una pequeña pesadilla de las que quedan en la memoria por mucho tiempo. Y todo esto, sin decir ni una palabra.

El veredicto
Little Nightmares es especialmente particular. Un juego que opta por un ritmo muy característico, que juega con el estilo oscuro y pausado hasta hacernos sentir un amago de ataque de ansiedad cada vez que caemos en manos de algún enemigo. Un reflejo excelente de las pesadillas y un juego más que notable en todos sus apartados.